
A la gente le encanta reunirse en las plazas de la ciudad, en los bares, en los parques o en sus propias casas para hablar, para tertuliar, para pasar el rato. En los pueblos pequeños se sientan frente a la casa para coger fresco y al mismo tiempo cotillar, pues todos somos cotillas de vez en cuando y de cuando en vez…
Y yo digo:
No me importa ese eufemismo hecho ley llamado la memoria histórica democrática. Pienso que debe hablar quien quiera hablar y todos tenemos derecho a recordar lo que nos de la gana. Además, todos, buenos o malos, tenemos los mismos derechos. Ni el propio Dios nos ha diferenciado ni nos ha discriminado pues hace que la lluvia nos moje igual a santos y a pecadores. El sol también brilla para todos, buenos y malos, sin dejar a nadie en la oscuridad.
Los que «gobiernan» en el presente no tienen derecho a juzgar el pasado ni a tratar de cambiarlo ni controlarlo. El pasado es y el presente se está haciendo. La historia se hace momento tras momento y la historia que ya se hizo así se debe quedar, tal y como la hicieron sus protagonistas. Los del presente tienen que dejarla en paz. La libertad, la democracia, los derechos humanos e individuales son nuestros más grandes acontecimientos. Si no existían en el pasado, eso no fue culpa nuestra. El pasado no nos pertenece ni tenemos derecho a juzgarlo. Cada uno es fiel a su época y no tenemos la culpa de los males que hicieron los de otras.
GRACIAS