
Campañeros, hemos vivido tiempos que jamas hubiéramos imaginado viviríamos. Hemos tenido que sufrir los estragos de un virus que nos ha causado tanto daño a todos. Fuimos confinados en nuestros domicilios, nos obligaron a usar mascarillas quirúrgicas, nos cerraron los bares, los gimnasios, los restaurantes, no nos dejaban ir a la iglesia, ni a la sinagoga, no dejaban a nuestros peques ir al colegio y no podíamos acudir a nuestros centros de trabajo. Nos han vacunado, nos han sometido a tests y a llevar un pasaporte COVID para entrar en un restaurante y también para viajar. Nos quitaron tantas cosas…
Y ¿Que nos han dado? Bueno nos daban y aun nos dan malas noticias. Todos los días en el telediario nos recuerdan cuantos han muerto, cuantos mas han caído, recaído, ingresado en los hospitales, en las UCIs o en hacen cuarentenas domiciliarias. Se nos dijo que algunos cogían el virus pero que no tenían síntomas, pero que aun asintomáticos podían transmitir la enfermedad a los sanos y esto sigue siendo el tema. En fin, se nos metió miedo a troche y moche.
Pero lo peor, claro está sin contar los millones de muertos, ingresados o sufriendo los estragos de esta extraña enfermedad, es que los que han tenido que soportar el peso de la inactividad, las malas decisiones y las políticas disparatadas del gobierno han sido, una vez mas, los obreros, y no solo los obreros de España, sino los del mundo entero. Se demonizó a los trabajadores de nuestra hostelería y restauración, cerrando los bares cuando no había razón científica para semejante orden. Maltrataron a los sanitarios dándoles equipos defectuosos que resultó en muertes y en más sufrimiento. Murieron sanitarios pero ni un solo politico.
Por eso hoy he decidido romper los esquemas y hacerle un homenaje y declarar mi solidaridad con los obreros del mundo, con esa «paria de la tierra» que sufre los desmanes de los gobiernos corruptos e inhumanos que existen en el mundo. Los obreros, que nos enseñan, nos curan, nos protegen, los que producen, cargan, embalan, distribuyen et cetera, lo que comemos, lo que nos ponemos, lo que necesitamos y lo que disfrutamos también, son los heroes sin nombres, sin caras. Y aunque parezcan anónimos os aseguro que si tienen nombre, cara, vida, familias, emociones, sueños y sentimientos y les debemos un trozo mas grande de consideración a ellos y a todo el colectivo laboral del mundo.
Este himno lo escribió Eugène Edine Pottier en 1871 y su letra realmente conmueve. Escuchad compañeros y cantad La Internacional:
Gracias…